El calentamiento global ha reducido un 35% la superficie de los glaciares de las montañas del oeste estadounidense desde mediados del siglo XX. Un nuevo estudio revela que las masas de hielo que resisten se encuentran en lugares especialmente protegidos del sol y con mejores condiciones para acumular nieve.
El paisaje de las grandes montañas del oeste de Estados Unidos está cambiando a un ritmo preocupante. Desde mediados del siglo XX, más de 300 glaciares han desaparecido de esta región, mientras que los que todavía permanecen han perdido una parte importante de su superficie y volumen. La situación refleja el impacto del aumento de las temperaturas sobre uno de los indicadores más visibles del cambio climático.
Una investigación publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha analizado la evolución de estas masas de hielo mediante la comparación de mapas topográficos históricos, fotografías aéreas y registros más recientes. Los resultados muestran que la superficie glaciar se ha reducido aproximadamente un 35%, mientras que el volumen total de hielo ha disminuido alrededor de un 33%.
El estudio se centra en los glaciares de los estados continentales de Estados Unidos, especialmente en las cordilleras de las Montañas Rocosas, la Sierra Nevada de California y las montañas del estado de Washington. Aunque estas masas de hielo son mucho más pequeñas que las de Alaska o Groenlandia, desempeñan un papel importante en los ecosistemas de alta montaña.
Más de 300 glaciares han desaparecido en siete décadas
A mediados del siglo XX, los inventarios científicos registraban más de 1.450 glaciares en seis estados del oeste estadounidense. En conjunto, cubrían unos 562 kilómetros cuadrados. El inventario más reciente contabiliza alrededor de 1.331, pero esa diferencia numérica no refleja por sí sola la magnitud de las pérdidas.
La explicación está en la fragmentación. A medida que los glaciares retroceden y pierden masa, algunos se dividen en pequeños fragmentos de hielo que pueden contabilizarse como unidades independientes. Por este motivo, el número de glaciares registrados no siempre disminuye al mismo ritmo que la cantidad real de hielo.
Para determinar si una masa de hielo puede considerarse un glaciar, los científicos tienen en cuenta características como su permanencia y su movimiento bajo la acción de la gravedad. Una acumulación de nieve que permanece durante todo el año no constituye necesariamente un glaciar.
La combinación de desapariciones, fragmentación y pérdida de volumen revela un deterioro mucho mayor de lo que podría sugerir una simple comparación entre inventarios. En determinadas zonas montañosas, el retroceso ha sido especialmente intenso.
Los glaciares supervivientes tienen algo en común
Uno de los hallazgos más interesantes de la investigación es que los glaciares que todavía sobreviven en regiones como las Montañas Rocosas y la Sierra Nevada comparten unas condiciones geográficas muy concretas.
Muchos se encuentran en barrancos profundos, depresiones del terreno y laderas resguardadas de la radiación solar directa. Estas ubicaciones reducen la energía que reciben durante las horas de mayor insolación y ayudan a conservar parte del hielo acumulado durante el invierno.
La topografía también puede favorecer la acumulación de nieve. En algunas montañas, las avalanchas transportan nieve desde las laderas superiores hasta las zonas donde se encuentran los glaciares. Esta aportación adicional ayuda a compensar, al menos parcialmente, el hielo que se pierde durante los meses cálidos.
Se trata de una especie de refugio climático natural. Mientras las temperaturas regionales aumentan, las condiciones particulares de cada montaña permiten que algunos glaciares resistan durante más tiempo.
Sin embargo, esa protección tiene límites. La sombra y la acumulación adicional de nieve pueden ralentizar el retroceso, pero no garantizan la supervivencia indefinida de estas masas de hielo si las temperaturas siguen aumentando y las nevadas disminuyen.
Montana concentra algunas de las pérdidas más rápidas
El retroceso no se produce de forma uniforme en todo el oeste estadounidense. La investigación identifica las montañas Beartooth-Absaroka, situadas en el sur de Montana, como una de las zonas más afectadas.
En esta región, algunos glaciares están perdiendo aproximadamente medio metro de espesor cada año. La combinación de temperaturas elevadas y unas condiciones menos favorables para la acumulación de nieve dificulta que puedan recuperar durante el invierno el hielo perdido en verano.
La situación es diferente en el estado de Washington. Los glaciares de montañas como Rainier y Baker son considerablemente más grandes y reciben abundantes precipitaciones en forma de nieve. Además, sus veranos suelen ser más frescos, lo que reduce la velocidad del deshielo.
Aun así, estos glaciares tampoco permanecen al margen del problema. Su mayor tamaño y las condiciones climáticas más favorables pueden retrasar su desaparición, pero no los hacen inmunes al calentamiento global.
Las diferencias entre regiones demuestran que la altitud, la orientación de las laderas, las precipitaciones y la forma del terreno son factores fundamentales para explicar por qué algunos glaciares desaparecen antes que otros.
Qué puede ocurrir durante las próximas décadas
Las previsiones científicas apuntan a un futuro complicado para buena parte de los glaciares del oeste de Estados Unidos. Investigaciones anteriores sobre la península Olímpica, también situada en Washington, estimaron que muchos de sus glaciares podrían desaparecer hacia 2070 si continúan las tendencias climáticas actuales.
En otras zonas, especialmente en las cumbres más elevadas y frías, algunas masas de hielo podrían resistir más allá de 2100. No obstante, su tamaño y extensión podrían ser mucho menores que los actuales.
La evolución dependerá, en gran medida, de las emisiones de gases de efecto invernadero y de cómo cambien las temperaturas y las precipitaciones durante las próximas décadas. Reducir el calentamiento puede limitar las pérdidas futuras, aunque recuperar glaciares desaparecidos o reconstruir grandes reservas de hielo sería un proceso extraordinariamente lento.
La desaparición del hielo también amenaza los ecosistemas
Los glaciares no son únicamente un elemento característico del paisaje. También actúan como reservas naturales de agua y ayudan a mantener las condiciones ambientales de los ecosistemas de montaña.
Durante el final del verano, cuando buena parte de la nieve estacional ya se ha derretido y las precipitaciones pueden ser escasas, el agua procedente del deshielo glaciar contribuye a mantener los caudales de los arroyos. Esta aportación de agua fría resulta importante para peces y otros organismos adaptados a temperaturas bajas.
En el estado de Washington, los recursos hídricos relacionados con los glaciares también contribuyen a determinadas actividades humanas, incluida la producción hidroeléctrica.
El retroceso del hielo puede generar, además, riesgos geológicos. Al desaparecer un glaciar, quedan expuestos depósitos de rocas y sedimentos que antes estaban parcialmente sostenidos por la propia masa de hielo. En determinadas condiciones, las lluvias intensas y el agua del deshielo pueden erosionar estos materiales y desencadenar deslizamientos o avalanchas de escombros.
Estos fenómenos pueden afectar a carreteras, infraestructuras y zonas situadas aguas abajo, especialmente en terrenos volcánicos y montañosos con pendientes pronunciadas.
Un problema que va mucho más allá de Estados Unidos
La pérdida de glaciares en el oeste estadounidense forma parte de una transformación global. Las regiones montañosas de Europa, Asia y otras partes del mundo también están experimentando un retroceso generalizado de sus masas de hielo.
El problema no consiste únicamente en que desaparezcan paisajes emblemáticos. La reducción de los glaciares modifica la disponibilidad estacional de agua, altera los hábitats naturales y puede aumentar determinados riesgos asociados al deshielo.
Los resultados del estudio muestran que la ubicación geográfica puede proporcionar a algunos glaciares un margen de supervivencia adicional, pero también evidencian la fragilidad de esas reservas de hielo ante un clima cada vez más cálido.
Los refugios naturales están retrasando la desaparición de los últimos glaciares de muchas montañas estadounidenses. La gran incógnita es cuánto tiempo podrán seguir protegiéndolos si las condiciones climáticas continúan deteriorándose.

